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Lobo-tomía

11 Dec

En agosto de 1992 empecé a trabajar en El País. En la entrevista de la contratación, quien iba a ser mi jefe, Luis Matías López, preguntó: “¿Estás dispuesto a ir a Sarajevo?”. Contesté: “Llevo 15 años esperando que alguien me haga esa pregunta”.

Ramón Lobo

En los veinte años que han transcurrido desde agosto de 1992 a noviembre de 2012, Ramón Lobo ha firmado crónicas y reportajes desde lugares en conflicto de todo el mundo. Todos para el diario El País. También bajo esta cabecera se alojaba el blog Aguas Internacionales, en el que Lobo recopilaba noticias sobre temas de la actualidad internacional desde mediados de 2010.

Después, llegó la crisis económica, y se agudizó la llamada crisis del periodismo, de los medios periodísticos. En noviembre de 2012, la dirección de El País decidió prescindir de 129 trabajadores. Entre ellos, de Lobo, quien ha calificado a los diferentes Expedientes de Regulación de Empleo que se han aplicado en varios medios de comunicación como ‘limpieza étnica’ .

Ramón Lobo recordaba la anécdota de su primer día en El País a los estudiantes de la titulación de Periodismo que abarrotaban una de las aulas del edificio Atzavares en la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche. Era su primera intervención en público después de su salida de El País, de su “deceso”, como él lo llama. Y Lobo relataba sus comienzos en el periodismo a una audiencia que, en el mejor de los casos, empieza ahora a dar los primeros pasos en la profesión.

“Si alguno tiene dudas de si ser periodista o no, yo recomiendo esta profesión. Es mucho mejor que cualquier otra”, afirmó Lobo, quizá parafraseando a aquel “Gabo” García Márquez que ya en 1996 decía que el de periodista es “el mejor oficio del mundo”.

Ramón Lobo en la UMH

(vía Daniel Muñoz Guerrero para Periodismo UMH)

Pero en los tiempos que corren, y con el regusto del despido todavía en el paladar, Lobo admitió que no era tan fácil. “Es cierto que no vivimos el mejor momento”, reconoció. “Pero bueno, ¿qué profesión vive un buen momento hoy en España? Excepto los antidisturbios, que parece que están en alza…”, ironizó. “Si queréis ser periodistas, os recomendaría luchar, porque ésta es una maratón, no una carrera de cien metros, sino una carrera que dura mucho tiempo”.

Y la carrera continúa para Ramón Lobo, porque, tal y como ha titulado su nuevo blog, “Este fuerte no se rinde“. Ya al principio de su intervención en la UMH, Lobo lanzó una advertencia: “Yo voy a seguir haciendo periodismo, quizás menos pagado, quizás con más problemas, quizás tendré que diversificarme…pero voy a volver un poco a mis orígenes”.

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“Ramón Lobo, el periodista”

(vía Rosa Jiménez Cano -Petezin /Flickr CC)

Lobo no se resigna, a pesar de que El País haya decidido amputarlo de su redacción, tal vez en favor de un periodismo más barato, al estilo Huffington Post, un periodismo sin periodistas, o sin periodistas remunerados. Un periodismo que deje en el camino al análisis, a la reflexión que sólo personas con experiencia y mentes que piensan pueden llevar a cabo… pero que es demasiado caro. En los mercados de la prensa, parece que gana el periodismo low cost: sin cerebro, lobotomizado casi del todo.

El objetivo no son las noticias, jerarquizarlas, dar los contextos, la esencia del oficio; el objetivo es abaratar costes, recortar, recortar, recortar. Se recorta también en inteligencia ambiental.

Pero nada y nadie me recortará el optimismo.

Ramón Lobo para Jot Down

PRVOL_LOBO_141212_GRUPO 27 *

*en sustitución de la PR04 sobre las Jornadas de Empleo de Periodismo en la UMH

Aquí Rysiek

29 Nov

No hay periodismo posible al margen de la relación con otros seres humanos.

Ryszard Kapuscinski

Según escribe el periodista italiano Mauro Sarti en su libro Il giornalismo sociale (El periodismo social), los textos de Ryszard Kapuscinki “están a medio camino entre la narración periodística, la crónica, el ensayo histórico y el relato“. Para Beata Nowacka, Kapuscinski se da a conocer en sus diferentes facetas: escritor, poeta, fotógrafo, intérprete de otras culturas y, sobre todo, reportero.

Placa en el edificio de la PAP, la agencia de noticias polaca

para la que trabajó Ryszard Kapuscinski

(Varsovia, septiembre de 2011)

Vía Wikimedia Commons

Nowacka, biógrafa del gran periodista polaco, presentó estas cinco facetas de Kapuscinski durante una charla ofrecida a alumnos de Periodismo en la Universidad Miguel Hernández de Elche. Sin embargo, existe otro rasgo del reportero que no por obvio es menos importante: Kapuscinski fue, ante todo, humano.

Esto es, al menos, lo que defendió en su obra. A diferencia de otros de los llamados teóricos del periodismo, Kapuscinski renunció a dictar sentencia sobre cómo se debía escribir para los medios de comunicación o cuál debía ser la estructura de trabajo o el modelo a seguir por estos medios. En lugar de ello, Kapuscinski describió las cualidades humanas que debía poseer todo (buen) periodista que, antes que ser un profesional, es sobre todo una persona.

“Creo que, para ejercer el periodismo, ante todo hay que ser un buen hombre o una buena mujer, buenos seres humanos”, expone en una entrevista recopilada en el libro Los cínicos no sirven para este oficio. “Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona, se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. Y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento, en parte de su destino”.

El reportero sería entonces, simplemente, una persona entre personas, actitud básica para lograr romper las barreras y conocer de verdad al ‘otro’. Ese ‘otro’ que en Kapuscinski suele identificarse con la figura de los más pobres: “la parte infeliz de la familia humana”.

Pero no sólo hay que conocer al otro. Para poder contar su historia, hay que “ganarse el derecho a hablar sobre ello”, según las declaraciones de Kapuscinski publicadas en El mundo de hoy. Autorretrato de un reporterouna tesis según la cual “no se puede ni escribir, ni hablar, de algo que no se ha vivido y de lo que no se han compartido los riesgos”.

Por eso, porque para hablar sobre algo necesitaba involucrarse hasta el final, las obras de Kapuscinski están salpicadas de historias personales. En Un día más con vida, por ejemplo, el autor humaniza a sus personajes, describe cómo prisioneros y soldados discuten animadamente sobre fútbol, se recrea en el retrato de una joven militar que fallece después de protegerle a él y a sus compañeros, les presenta a todos por lo que son y no por el papel que representan en el conflicto. Las anécdotas son fundamentales para que el lector de cualquier parte del mundo comprenda que el ‘otro’, el lejano, es una persona con la que tiene nexos en común.

Kapuscinski fotografió a la guerrillera Carlota en Angola,

y la inmortalizó en Un día más con vida

(vía jaimeazulay.blogspot.com)

El ser humano como materia prima de las historias y como autor fundamental de eso que llamamos periodismo: ésa podría ser una síntesis del legado que dejó Kapuscinski. Y, quizás, una clave para superar la apatía de muchos periodistas, el aburrimiento de muchos lectores: ese “periodismo inane y extenuante” del que alertaba Maruja Torres desde las páginas de El País Semanal.

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