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Un periodista polifacético

13 Dec

Ryszard Kapuściński, fue un periodista polaco conocido sobre todo por su carrera  como corresponsal en los distintos puntos del mundo. A pesar de ser licenciado en historia, su vocación siempre ha sido el periodismo.  Presenció 27 revoluciones, estuvo en 12 frentes de guerra y fue condenado a ser fusilado en cuatro ocasiones. La frase que marcó el resto de su vida se la dijo en la redacción del periódico `Sztandar Mlodych´a su jefa Irena Talowska: “Quiero cruzar la frontera”.

Beata Nowacka, profesora en la Uniwersytet  Śląski (Katowice, Poland) y biógrafa de Kapuściński intenta mostrar las diferentes facetas que este periodista desarrolló a lo largo de su carrera y su actitud hacia el mundo y la profesión que le rodeaba. “Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias” (Los cínicos no sirven para este oficio). Esta ha sido una de las frases que más ha marcado a los seguidores y conocedores de este periodista polaco. Su devoción por “ser la voz de los que no tienen voz”, en palabras de Nowacka, expresan lo que Ryszard Kapuściński plasmó en los escritos de sus libros.

Y a pesar de ser periodista y cubrir tal cantidad de revoluciones, frentes y guerras por todo África, desarrolló habilidades como la poesía y la fotografía. A continuación algunos ejemplos:

Desde el acantilado

Las raíces tienen una dirección vertical

desaparecen en la tierra

se hunden penetran

su existencia es invisible y oscura

intentar apartar los granos de arena

las piedras las rocas,

atravesar la lava y los minerales

arrojadas a la superficie

inactivas

se secan

sus dedos nudosos

se elevan hacia el cielo

su oración enredada e intraducible

la experiencia de las raíces:

la vida viene de meterse en las profundidades

Y con respecto a la fotografía:

Kenia, 1963 Kenia, 1963

(Fuente: ELDIAPASONBLOG)

Por motivo de su trabajo en 1999 fue elegido como mejor periodista polaco del siglo XX y en el 2003 se le galardonó con el Príncipe de Asturias por toda su trayectoria.

Con motivo de la publicación de su libro en 2005, “Viajes con Heródoto”, se le realizó un reportaje sobre sus obras. Salió emitido en el Saló de lectura, programa de libros de Barcelona Televisió.

“Toda la vida es cruzar permanente las fronteras, no sólo geográficas pero también de idioma, creencias, fronteras de entendimiento, psicológicas. Vivimos la vida humana dentro de la red de los diferentes tipos de fronteras”. Así es como Ryszard Kapuściński define el paso por la vida, su trabajo en contacto con la gente y lo más importante: su pasión por su trabajo.

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Aquí Rysiek

29 Nov

No hay periodismo posible al margen de la relación con otros seres humanos.

Ryszard Kapuscinski

Según escribe el periodista italiano Mauro Sarti en su libro Il giornalismo sociale (El periodismo social), los textos de Ryszard Kapuscinki “están a medio camino entre la narración periodística, la crónica, el ensayo histórico y el relato“. Para Beata Nowacka, Kapuscinski se da a conocer en sus diferentes facetas: escritor, poeta, fotógrafo, intérprete de otras culturas y, sobre todo, reportero.

Placa en el edificio de la PAP, la agencia de noticias polaca

para la que trabajó Ryszard Kapuscinski

(Varsovia, septiembre de 2011)

Vía Wikimedia Commons

Nowacka, biógrafa del gran periodista polaco, presentó estas cinco facetas de Kapuscinski durante una charla ofrecida a alumnos de Periodismo en la Universidad Miguel Hernández de Elche. Sin embargo, existe otro rasgo del reportero que no por obvio es menos importante: Kapuscinski fue, ante todo, humano.

Esto es, al menos, lo que defendió en su obra. A diferencia de otros de los llamados teóricos del periodismo, Kapuscinski renunció a dictar sentencia sobre cómo se debía escribir para los medios de comunicación o cuál debía ser la estructura de trabajo o el modelo a seguir por estos medios. En lugar de ello, Kapuscinski describió las cualidades humanas que debía poseer todo (buen) periodista que, antes que ser un profesional, es sobre todo una persona.

“Creo que, para ejercer el periodismo, ante todo hay que ser un buen hombre o una buena mujer, buenos seres humanos”, expone en una entrevista recopilada en el libro Los cínicos no sirven para este oficio. “Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona, se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. Y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento, en parte de su destino”.

El reportero sería entonces, simplemente, una persona entre personas, actitud básica para lograr romper las barreras y conocer de verdad al ‘otro’. Ese ‘otro’ que en Kapuscinski suele identificarse con la figura de los más pobres: “la parte infeliz de la familia humana”.

Pero no sólo hay que conocer al otro. Para poder contar su historia, hay que “ganarse el derecho a hablar sobre ello”, según las declaraciones de Kapuscinski publicadas en El mundo de hoy. Autorretrato de un reporterouna tesis según la cual “no se puede ni escribir, ni hablar, de algo que no se ha vivido y de lo que no se han compartido los riesgos”.

Por eso, porque para hablar sobre algo necesitaba involucrarse hasta el final, las obras de Kapuscinski están salpicadas de historias personales. En Un día más con vida, por ejemplo, el autor humaniza a sus personajes, describe cómo prisioneros y soldados discuten animadamente sobre fútbol, se recrea en el retrato de una joven militar que fallece después de protegerle a él y a sus compañeros, les presenta a todos por lo que son y no por el papel que representan en el conflicto. Las anécdotas son fundamentales para que el lector de cualquier parte del mundo comprenda que el ‘otro’, el lejano, es una persona con la que tiene nexos en común.

Kapuscinski fotografió a la guerrillera Carlota en Angola,

y la inmortalizó en Un día más con vida

(vía jaimeazulay.blogspot.com)

El ser humano como materia prima de las historias y como autor fundamental de eso que llamamos periodismo: ésa podría ser una síntesis del legado que dejó Kapuscinski. Y, quizás, una clave para superar la apatía de muchos periodistas, el aburrimiento de muchos lectores: ese “periodismo inane y extenuante” del que alertaba Maruja Torres desde las páginas de El País Semanal.

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