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Marea gris

21 Apr

Periodismo es, por ejemplo, poder publicar el nombre de un banco responsable de un desahucio sin miedo a que retire sus anuncios.

Responsables del  periódico La Marea

El año 2012, y lo que ha transcurrido de 2013,  han sido años de mareas. Desde la marea blanca (en defensa de la sanidad pública) hasta la negra (protestas de los funcionarios por los recortes), pasando por la verde (educación pública), naranja (servicios sociales), roja (desempleados), azul (contra la privatización de la gestión del agua), violeta (igualdad de género), amarilla (contra el pago en las bibliotecas públicas) e, incluso, multicolor (la mezcla de todos estos movimientos en manifestaciones unitarias, como la del pasado 23 de febrero).

Los diferentes sectores sociales y laborales, directamente afectados por la crisis económica y los recortes presupuestarios se han ido organizando alrededor de colores, manifiestos, ideas y luchas conjuntas para protestar contra las llamadas medidas de ajuste y pedir una solución inmediata a la situación problemática que generan.

El de los periodistas es otro de los colectivos en los que ha dejado huella la mordedura de la crisis. Si la traducimos en cifras, desde el comienzo de esta recesión, en 2008, diez mil periodistas han perdido sus trabajos, debido a los expedientes de regulación de empleo (EREs), así como al cierre de setenta medios de comunicación desde esta fecha. Sólo en 2012, 4.800 periodistas se quedaron sin trabajo, según datos de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). Podría esperarse una sonora protesta callejera por parte de estos profesionales, pero no ha sido del todo así.

La reacción de los periodistas ante el aumento de la precariedad y la inseguridad laboral no ha sido tanto protagonizar manifestaciones, como seguir con la tarea de informar sobre ellas. Pero, ¿para qué medio, si ahora ya no pertenecen a ninguno? La respuesta es simple: si ya no te contratan, trabaja por tu cuenta. Si ya no estás en la plantilla de un medio, sé tu propio medio. Si estás cansado de que no te dejen escribir lo que quieres, publícalo en tu propio espacio. El periodismo DIY, un do-it-yourself en toda regla, que en términos castizos aludiría al proverbial Juan Palomo.

Háztelo tú mismo

La autopublicación es una modalidad ya conocida por escritores cansados de ver sus borradores en las papeleras de los despachos de las grandes editoriales, o músicos entusiastas hartos de dejar su maqueta en el buzón de las discográficas. Esta filosofía se encuentra detrás de La Marea, y de otros medios de comunicación surgidos tras la desaparición de la edición en papel del diario Público y los consiguientes despidos de sus trabajadores.

Unos profesionales que decidieron hacerse con el control de la empresa, convirtiéndose en sus accionistas, a través de la cooperativa MásPúblico. Fue el germen de un nuevo modelo de comunicación en el que los periodistas no reciben las presiones ideológicas o económicas de los intereses empresariales…puesto que ellos mismos son su propia empresa.

Tal y como explicó Toni Martínez, redactor de La Marea, en su encuentro con alumnos de Periodismo de la Universidad Miguel Hernández de Elche, la crisis capitalista abrió la puerta al modelo de la cooperativa, a la multiplicación del número de propietarios de una empresa. Pero, además, la vaticinada muerte de los medios impresos y su sustitución por los medios online ha provocado una paradójica reacción en contra: los nuevos medios vuelven a apostar por el papel.

La Marea no es el único ejemplo de medio basado en una cooperativa de trabajadores. La plataforma Se buscan periodistas (SBP), respaldada por la Asociación de la Prensa de Sevilla, también se define como “una cooperativa de impulso empresarial desde la que se potencie la puesta en marcha de nuevos proyectos empresariales de medios y empresas periodísticas”. Lo llamativo, lo dramático, es que esta iniciativa no surge a raíz de un despido masivo, como en el caso de MásPúblico, sino después de crear un Fondo de Emergencia para Periodistas: ayudas económicas para que  profesionales en condiciones precarias tengan acceso a bienes de primera necesidad, como alimentos y productos de higiene.

Tampoco es La Marea el único medio neonato que ha optado por la tinta y el papel. La revista satírica Mongolia es un buen ejemplo de medio que nace por y para el formato impreso, ya que en su web no cuelgan contenidos, sino que sólo promocionan el producto. En el caso de la revista Jot Down, el ejemplar impreso que sacan al mercado con una periodicidad menor que la edición online está cosechando bastante éxito, a pesar de su precio más elevado en comparación con otras publicaciones.

Quizá se esté gestando un fenómeno, una nueva marea de periodistas que anhelan escribir lo que quieren y como quieren, que no encuentran su sitio, que han sido desahuciados del sistema mediático y que han decidido ensayar una fórmula alternativa. El nuevo modelo parecer recurrir, de nuevo, al gris del papel y de la tinta. La marea gris de los periodistas cabreados y desengañados ya no sale a la calle para quejarse. La fuerza de su indignación está ahora moviendo las rotativas del otro periodismo.

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Meterse en el cuadro

20 Apr

No he notado demasiado los cambios en la dirección de RTVE. Me metí en un cuadro hace años, y me sigo metiendo en cuadros hoy.

Carlos del Amor, periodista

Los cuadros de la muestra de Hiperrealismo en el museo Thyssen son tan reales que casi te parece estar dentro de ellos. Eso es lo que quiso demostrar el periodista Carlos del Amor cuando, en uno de sus reportajes culturales para el telediario de Televisión Española, subió las escaleras y se introdujo en uno de los lienzos. Cuenta que movilizó a todo un equipo técnico para conseguir este efecto. Pero logró transmitir esa sensación de realidad de una forma aún más directa que con las palabras.

Esta potencia expresiva de las imágenes es una de las grandes bazas del reportaje televisivo. A diferencia de los textos para prensa, que describen una realidad, el reportaje en televisión juega a mostrar para que el espectador tenga una experiencia más cercana con esa realidad. De ahí que, a veces, no haya narración, no haya un intermediario que sitúe la historia: sólo están sus protagonistas hablando directamente a la cámara que un reportero lleva al hombro. Lo que ves es lo que hay, sin comentarios, sin luces, sin música: sin nada que distraiga.

Este estilo de reportaje televisivo nació con Callejeros, del canal Cuatro, ideado por Carolina Cubillo. Un estilo que conoce bien José Miguel Almagro, que durante años trabajó para este programa, y que luego pasó por otros formatos similares, como Vidas Anónimas, de La Sexta. Sentada a su lado, la profesora Eulalia Adelantado, de la Universitat Politècnica de València, se pregunta en voz alta si es posible en televisión “crear un binomio eficaz entre rigor informativo y entretenimiento de calidad”.

Almagro opta por una respuesta de compromiso entre ambos polos que no tienen por qué ser opuestos. “Hay que dar información, pero buscando una manera entretenida de presentarla. Algunos reporteros prefieren la información, y a otros les gusta más el espectáculo. El resultado depende del reportero”. Depende del reportero porque es él quien, al final, le imprime un cierto tono, un enfoque y un ritmo a la pieza, lo mancha con su toque personal.

Unas veces, lo hará con su propia presencia ante la cámara, viviendo -y a veces sufriendo- en las propias carnes todo aquello que quiere contar, al estilo de los trabajos de Samanta Villar y Adela Úcar en 21 días. En otros casos, es el propio medio quien encarga a un periodista determinado, de renombre y experiencia, elaborar un reportaje o una serie de reportajes sobre cierto tema, como en el caso de las piezas firmadas por Jon Sistiaga. Se escoge a un profesional en concreto que con su firma aporta su punto de vista y su forma de trabajar particulares, ambas cualidades personales e intransferibles. . Sin embargo fue Gemma Soriano la que dió una auténtica lección sobre el reportaje televisivo. La directora de Repor (TVE) asegura que la entrevista es la piedra angular del reportaje: “el mejor reportaje es aquel que te entra por la piel y consigue que todos tus sentidos estén en alerta”, a pesar de ello no se olvida de que a las personas “hay que tratarlas siempre con muchísimo respeto”.  Su programa apuesta por el trinomio de información, divulgación y entretenimiento porque afirma: “somos el puente entre la audiencia y los personajes que entrevistamos”. Soriano defiende el trabajo previo que se realiza en cada reportaje: “No pasábamos por allí, estábamos porque queríamos contar una historia”.

Mantener una mirada propia, la ilusión, la curiosidad. Buscar una manera original de contar algo.  Atraer al público por medio de un relato diferente. Es lo que decía Carlos del Amor, y es lo que desprenden sus piezas para TVE: más cercanas al arte de la literatura, que al oficio del periodismo. Sus trabajos se distinguen por su estilo, un sello tan personal como las huellas dactilares.

Quizá un reportaje televisivo hable de lo que otros medios en Internet ya han publicado, o de lo que muchos periódicos ya han calcado a imagen y semejanza del teletipo. Se trata ahora de no conformarse con dar informaciones, sino de intentar contar historias. De buscar los detalles, esas “pepitas de oro” a las que aludió Gonzalo del Prado, y que hacen diferente a un reportaje. El periodista de Antena 3 decía que en televisión se deben contar historias, contar muchas cosas en pocas palabras…pero, sobre todo, contar la verdad.

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Alumnos de Periodismo graban la intervención de Gonzalo de Prado
en las VII Jornadas Internacionales de Periodismo UMH

Todos estos formatos, desmenuzados con los ejemplos que se han analizado en la octava edición de las Jornadas Internacionales de Periodismo de la Universidad Miguel Hernández coinciden en un punto: lo que realmente le dará profundidad, verdad y personalidad a una historia es que el periodista se implique en ella. Ya lo explicó Carlos del Amor:  a veces, hay que meterse en el cuadro para que algo se vuelva aún más real.

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El periodismo de la transición digital, según Albert Montagut

10 Feb

Los protagonistas de uno y otro mundo, print y online, que en condiciones normales deberían haberse pasado el testigo del progreso de una forma escalonada, tranquila y empresarialmente ordenada, están del todo descolocados.

Albert Montagut, periodista

FICHA TÉCNICA

  • Newpaper. Cómo la revolución digital transforma la prensa.
  • Albert Montagut. Editorial Deusto (2012). 561 páginas. 
  • Periodismo online, periodismo print, revolución tecnológica, periodismo en crisis, transición a Internet

Internet, allá en el año 1994, cuando comenzaron a abrirse las primeras webs de los periódicos y, muy tímidamente,  empezaron a colgar los contenidos de sus páginas de papel en la red, se antojaba como algo irreal, intangible y misterioso, que a unos les provocaba esperanzas y, a otros, les suscitaba recelos.

Internet era entonces una vía hacia el futuro, y el futuro siempre resulta incierto. Nadie en aquella época podía llegar a sospechar las potencialidades del nuevo instrumento, y de qué manera aquella tecnología iba a suponer una revolución que excedía el mundo de la informática y se colaba en todos los ámbitos.

Así es, al menos, como lo cuenta el periodista Albert Montagut en su libro Newpaper. Cómo la revolución digital transforma la prensa, una obra publicada el pasado mes de noviembre que recoge la evolución de los medios de comunicación en Internet, desde sus primeros pasos, hasta la cobertura de los acontecimientos más recientes.

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La portada del libro aúna los clásicos voceros
que vendían periódicos en la calle
con las novedosas tablets actuales

El libro ofrece un recorrido cronológico por la historia de los medios en Internet, tanto de aquellos medios impresos (periódicos y revistas tradicionales) que se decidieron a publicar una edición en la web, como de los llamados “nativos digitales”, que ya desde su fundación estuvieron ligados a Internet.

Echar la vista atrás permite al lector observar los errores cometidos en el pasado para aprender y evitar volver a caer en ellos. Y la retrospectiva de Montagut incluye datos, fechas, ejemplos concretos y los comentarios de profesionales que participaron en estos procesos de cambio.

Éste es precisamente uno de los méritos más significativos de Newpaper: es una reflexión coral, en la que un grupo de voces expertas cuenta, desde sus diferentes edades, trayectorias y posiciones ideológicas, cómo ha afectado Internet a la forma de hacer periodismo y de estructurar los medios periodísticos en estos años, centrándose especialmente en el caso español.

Las largas citas de estos expertos sugieren al lector la idea de una conversación entre ellos, una larga tertulia en la que Pedro J. Ramírez comparte mesa con Ignacio Escolar, Gumersindo Lafuente y Mario Tascón se sientan frente a frente a debatir y Vicent Partal charla con Francisco Marhuenda. Una idea de pluralidad de opiniones que bien podrían rescatar muchos de los medios que se citan en Newpaper como “print” o “tradicionales”.

El otro punto fuerte del ensayo de Montagut sería el enfoque, muy centrado en el presente aun cuando se explica el pasado. Internet podía significar el mundo del futuro en 1994, pero hoy en día es ya una herramienta consolidada. Internet es el presente en el que se mueve el periodismo actual, y Newpaper parte de esta idea, teniendo claro que los medios online son hoy una realidad y no un experimento. Montagut asume la presencia, autoridad e influencia de los medios en Internet con la misma naturalidad con la que lo hacen los usuarios.

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El periodista Albert Montagut, autor de Newpaper

El periodista catalán relata cómo se adaptaron los medios a Internet en el pasado, cómo son los medios del presente, pero quizá su principal debilidad sea la visión de futuro. El lector echa en falta, tanto en las reflexiones del autor como en las citas de sus entrevistados, alguna concreción sobre cómo se prevé que sea el futuro de los medios en Internet. La argumentación en este sentido es excesivamente prudente, y parece que Montagut no quiere aventurarse a redactar fórmulas mágicas para el periodismo de mañana.

Las conjeturas sobre el futuro se presentan de una forma demasiado vaga e imprecisa. Se habla de que los periódicos de papel sobrevivirán en un futuro con otros contenidos, pero no se especifica qué clase de contenidos. Se afirma que el periodismo deberá sobrevivir en el panorama de Internet, se citan ejemplos, se enumeran sus problemas y dificultades actuales, pero no se ofrece ninguna explicación sobre cómo afrontarlos.

Aparecen algunas figuras retóricas (“la luz brillante del periodismo”) que sirven para cerrar el libro con una especie de happy ending, pero nadie se atreve a decir cómo o cuándo acabará la transición de los medios a Internet y se consolidarán nuevas fórmulas que permitan su supervivencia.

Tal vez esto ocurra así porque la mayor parte de las voces consultadas para Newpaper ya no serán quienes lideren la nueva etapa. Han vivido la transición pero, por razones de edad en muchos casos, ya no serán ellos quienes dominen en la siguiente fase. Montagut recurre a veteranos, a personas con larga trayectoria y fácilmente identificables por el lector, pero en su libro faltan más voces de los jóvenes, de los que no han vivido ningún cambio en sus rutinas periodísticas porque cuando empezaron a trabajar, lo hicieron ya directamente en Internet, y es ahí donde seguirán moviéndose.

Newpaper pretende, al entrevistar a los profesionales más antiguos, ahondar en esa idea de una convivencia armónica entre los nuevos y los viejos profesionales. Sumando los principios clásicos del periodismo (rigor, obligación de contrastar las fuentes, lenguaje claro y fluido) con las potencialidades de las herramientas nuevas (inmediatez, alcance, información multimedia) se conseguirá, según cree Montagut, regenerar este oficio. Y salir adelante de todas las crisis: económicas, tecnológicas, políticas y, sobre todo, periodísticas.

CINCO TITULARES CLAVE

  • El periodismo online arrancó en España en 1994, casi de forma clandestina
  • Las tabletas combinan la idea de periodismo online con una lectura reposada como la del print
  • La caída de la publicidad abre el debate sobre contenidos de pago en periódicos online
  • Huffington Post, Twitter, Wikileaks… ¿hacia dónde camina el periodismo?
  • El periodismo del futuro combinará el rigor clásico con la moderna tecnología

 

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Lobo-tomía

11 Dec

En agosto de 1992 empecé a trabajar en El País. En la entrevista de la contratación, quien iba a ser mi jefe, Luis Matías López, preguntó: “¿Estás dispuesto a ir a Sarajevo?”. Contesté: “Llevo 15 años esperando que alguien me haga esa pregunta”.

Ramón Lobo

En los veinte años que han transcurrido desde agosto de 1992 a noviembre de 2012, Ramón Lobo ha firmado crónicas y reportajes desde lugares en conflicto de todo el mundo. Todos para el diario El País. También bajo esta cabecera se alojaba el blog Aguas Internacionales, en el que Lobo recopilaba noticias sobre temas de la actualidad internacional desde mediados de 2010.

Después, llegó la crisis económica, y se agudizó la llamada crisis del periodismo, de los medios periodísticos. En noviembre de 2012, la dirección de El País decidió prescindir de 129 trabajadores. Entre ellos, de Lobo, quien ha calificado a los diferentes Expedientes de Regulación de Empleo que se han aplicado en varios medios de comunicación como ‘limpieza étnica’ .

Ramón Lobo recordaba la anécdota de su primer día en El País a los estudiantes de la titulación de Periodismo que abarrotaban una de las aulas del edificio Atzavares en la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche. Era su primera intervención en público después de su salida de El País, de su “deceso”, como él lo llama. Y Lobo relataba sus comienzos en el periodismo a una audiencia que, en el mejor de los casos, empieza ahora a dar los primeros pasos en la profesión.

“Si alguno tiene dudas de si ser periodista o no, yo recomiendo esta profesión. Es mucho mejor que cualquier otra”, afirmó Lobo, quizá parafraseando a aquel “Gabo” García Márquez que ya en 1996 decía que el de periodista es “el mejor oficio del mundo”.

Ramón Lobo en la UMH

(vía Daniel Muñoz Guerrero para Periodismo UMH)

Pero en los tiempos que corren, y con el regusto del despido todavía en el paladar, Lobo admitió que no era tan fácil. “Es cierto que no vivimos el mejor momento”, reconoció. “Pero bueno, ¿qué profesión vive un buen momento hoy en España? Excepto los antidisturbios, que parece que están en alza…”, ironizó. “Si queréis ser periodistas, os recomendaría luchar, porque ésta es una maratón, no una carrera de cien metros, sino una carrera que dura mucho tiempo”.

Y la carrera continúa para Ramón Lobo, porque, tal y como ha titulado su nuevo blog, “Este fuerte no se rinde“. Ya al principio de su intervención en la UMH, Lobo lanzó una advertencia: “Yo voy a seguir haciendo periodismo, quizás menos pagado, quizás con más problemas, quizás tendré que diversificarme…pero voy a volver un poco a mis orígenes”.

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“Ramón Lobo, el periodista”

(vía Rosa Jiménez Cano -Petezin /Flickr CC)

Lobo no se resigna, a pesar de que El País haya decidido amputarlo de su redacción, tal vez en favor de un periodismo más barato, al estilo Huffington Post, un periodismo sin periodistas, o sin periodistas remunerados. Un periodismo que deje en el camino al análisis, a la reflexión que sólo personas con experiencia y mentes que piensan pueden llevar a cabo… pero que es demasiado caro. En los mercados de la prensa, parece que gana el periodismo low cost: sin cerebro, lobotomizado casi del todo.

El objetivo no son las noticias, jerarquizarlas, dar los contextos, la esencia del oficio; el objetivo es abaratar costes, recortar, recortar, recortar. Se recorta también en inteligencia ambiental.

Pero nada y nadie me recortará el optimismo.

Ramón Lobo para Jot Down

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*en sustitución de la PR04 sobre las Jornadas de Empleo de Periodismo en la UMH

Aquí Rysiek

29 Nov

No hay periodismo posible al margen de la relación con otros seres humanos.

Ryszard Kapuscinski

Según escribe el periodista italiano Mauro Sarti en su libro Il giornalismo sociale (El periodismo social), los textos de Ryszard Kapuscinki “están a medio camino entre la narración periodística, la crónica, el ensayo histórico y el relato“. Para Beata Nowacka, Kapuscinski se da a conocer en sus diferentes facetas: escritor, poeta, fotógrafo, intérprete de otras culturas y, sobre todo, reportero.

Placa en el edificio de la PAP, la agencia de noticias polaca

para la que trabajó Ryszard Kapuscinski

(Varsovia, septiembre de 2011)

Vía Wikimedia Commons

Nowacka, biógrafa del gran periodista polaco, presentó estas cinco facetas de Kapuscinski durante una charla ofrecida a alumnos de Periodismo en la Universidad Miguel Hernández de Elche. Sin embargo, existe otro rasgo del reportero que no por obvio es menos importante: Kapuscinski fue, ante todo, humano.

Esto es, al menos, lo que defendió en su obra. A diferencia de otros de los llamados teóricos del periodismo, Kapuscinski renunció a dictar sentencia sobre cómo se debía escribir para los medios de comunicación o cuál debía ser la estructura de trabajo o el modelo a seguir por estos medios. En lugar de ello, Kapuscinski describió las cualidades humanas que debía poseer todo (buen) periodista que, antes que ser un profesional, es sobre todo una persona.

“Creo que, para ejercer el periodismo, ante todo hay que ser un buen hombre o una buena mujer, buenos seres humanos”, expone en una entrevista recopilada en el libro Los cínicos no sirven para este oficio. “Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona, se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. Y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento, en parte de su destino”.

El reportero sería entonces, simplemente, una persona entre personas, actitud básica para lograr romper las barreras y conocer de verdad al ‘otro’. Ese ‘otro’ que en Kapuscinski suele identificarse con la figura de los más pobres: “la parte infeliz de la familia humana”.

Pero no sólo hay que conocer al otro. Para poder contar su historia, hay que “ganarse el derecho a hablar sobre ello”, según las declaraciones de Kapuscinski publicadas en El mundo de hoy. Autorretrato de un reporterouna tesis según la cual “no se puede ni escribir, ni hablar, de algo que no se ha vivido y de lo que no se han compartido los riesgos”.

Por eso, porque para hablar sobre algo necesitaba involucrarse hasta el final, las obras de Kapuscinski están salpicadas de historias personales. En Un día más con vida, por ejemplo, el autor humaniza a sus personajes, describe cómo prisioneros y soldados discuten animadamente sobre fútbol, se recrea en el retrato de una joven militar que fallece después de protegerle a él y a sus compañeros, les presenta a todos por lo que son y no por el papel que representan en el conflicto. Las anécdotas son fundamentales para que el lector de cualquier parte del mundo comprenda que el ‘otro’, el lejano, es una persona con la que tiene nexos en común.

Kapuscinski fotografió a la guerrillera Carlota en Angola,

y la inmortalizó en Un día más con vida

(vía jaimeazulay.blogspot.com)

El ser humano como materia prima de las historias y como autor fundamental de eso que llamamos periodismo: ésa podría ser una síntesis del legado que dejó Kapuscinski. Y, quizás, una clave para superar la apatía de muchos periodistas, el aburrimiento de muchos lectores: ese “periodismo inane y extenuante” del que alertaba Maruja Torres desde las páginas de El País Semanal.

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Periodistas 21

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